|
Después
de haber trabajado con asiduidad en el terreno experimental,
Pedro Pinzolas coproduce y dirige su primer largometraje
en 1992, Siempre Felices. Extraño y brillante empeño
por lo que tiene de atrevimiento -y hallazgo- en el previsible
cine español de los 90. A diferencia de otros directores
de calidad de la época, -Guerín,
Recha, Medem-, Pinzolas rechaza la narración realista,
costumbrista, poética... , y se lanza a filmar
una comedia que logra sacar adelante violentado sin pudor
las reglas gramaticales de la propia comedia. Como dijo
el crítico de Variety, Paul Lenty, “A
pesar de la inexistencia de la trama narrativa, hay suficiente
talento para mantener el ritmo de la película".
El guión de Siempre Felices, escrito
por el mismo Pinzolas, se paseó por diferentes
productoras, pero todos coincidían en que era poco
menos que imposible hacer una película así,
brutalmente fragmentaria e inconexa, donde la elipsis
es el verdadero armazón de la estructura y no la
narración en sí.
La película acabó siendo producida por Pinzolas
con la colaboración de uno de los actores, Joaquín
Fonollá, aunque posteriormente fue Lola Respaldiza
la que realizó el grueso del trabajo como Productora
Ejecutiva, otorgando un marchamo profesional a algo que
definitivamente escapaba a cualquier encaje comercial.
Siempre Felices, se rodó en Madrid, 1992, en 35
días. Todas las localizaciones son interiores naturales.
Las secuencias de los personajes de Patricia y María,
rodadas en el entonces Wendy de la Plaza del Callao, se
hicieron con el local abarrotado de clientes. El montaje
fue largo y complejo, casi seis meses. Fue un reto dotar
de ritmo a esos largos y estáticos planos que se
repiten incesantemente durante 90 minutos (con excepción
de la secuencia central del bar, en donde la planificación
se muestra más convencional).
Antes de rodar la película, Pinzolas reclutó
a los actores -Laboratorio Layton, y actores no profesionales-,
y ensayó meses con ellos, grabando en video doméstico
todas las escenas, dado lo difícil y artificioso
de unos diálogos que los actores no comprendían.
Reyes Moleres, la protagonista de Siempre Felices, declaró
que ninguno sabía lo que estaba haciendo hasta
que vieron la película proyectada en San Sebastián.
Un copión de trabajo fue visionado por los críticos
Antonio Weinrichter, Tony Partearroyo, entonces en El
País, John Hopewell, de Moving Pictures, el director
David Trueba, y el distribuidor Francisco Hoyos. A raíz
de esta proyección, el Festival de San Sebastián
se interesó por Siempre Felices, invitándola
a Zabaltegui. Finalmente el Ministerio de Cultura la subvencionó,
y así fue posible el transfer a 35mm.
El día de la proyección, Antonio Gasset
abrió su crónica de San Sebastián
con Siempre Felices, “...
Sorprendente y ya polémica, esta película,
de original planteamiento en su puesta en escena, geométrica
y monolítica, consigue engarzar secuencias cerradas
creando un rosario de retórico mensaje sobre el
amor y el sexo. Uno de los mayores hallazgos del Festival
de San Sebastián”.
Se habló de “renovación de la comedia”
de “comedia radical”, “talento moderno”,
“un film diferente”... En realidad, el film
era tan transgresor que dejó perplejos a no pocos
críticos. Dos personajes en cada toma, cámara
fija tirando sobre fondos planos, desprecio al decorado,
largos planos–secuencia, un ritmo que alcanza su
verdadero tempo a medida que el film avanza, que funciona
por la acumulación de lo invariable, la exactitud
con que está estructurada la duración del
plano y la permanencia del encuadre, un diálogo
circular en las antípodas del realismo costumbrista,
que todos los personajes repiten, y una actuación
que apuntala todo lo anterior, con actores de escuela
y otros no profesionales, logran armar un difícil
artificio que sin embargo traspasa sus propios límites
-académicos, de juego para iniciados- y acaba convirtiéndose
en un divertido e inteligente film que demuestra que cuando
hay talento visual todo es posible.
Siempre Felices asistió posteriormente a festivales
nacionales e internacionales, y a varios certámenes
englobados en el confuso epígrafe de cine de
vanguardia, logrando un notable reconocimiento crítico,
e, inevitablemente, causando polémica.
Desgraciadamente, Siempre Felices no se estrenó
comercialmente y pasó a la nómina de “películas
de culto”. Pinzolas, que también se dedicaba
a otras actividades, continúa haciendo cine, producido
por él mismo, pero, por ahora, fuera de los circuitos
comerciales.
Siempre
Felices, Una Comedia de Proposiciones
|